Reflexiones después de una manifestación vivida con intensidad y ejemplaridad ciudadana (Por Jesús González)

La postura de resignación de nuestra clase política no explica cual ha sido su parte de culpa en el paro de más de seis millones de compatriotas, la quiebra del sistema financiero y en el sostenimiento de un sector público momificado que no puede hacer frente a sus compromisos de pago, ahogando a una buena parte de la pequeña y mediana empresa que se ve obligada a cerrar y crear más miseria.

¿Cómo es posible que, tras seis años de iniciada la crisis, ningún/na político/a tenga un diagnóstico coherente de lo que le está pasando a España? Y tampoco una estrategia creíble para sacar a España de este trance. Ni capaces de planificar una solución que permita despejar el horizonte. Y lo que resulta más lamentable, que permanentemente se sigan produciendo escándalos de corrupción que dejan a la ciudadanía sumergida en una profunda desesperanza.
La manifestación del miércoles, fue una nueva proclama al nivel de indignación que tiene la ciudadanía con respecto a sus dirigentes. El ciudadano/a se siente habido/a de políticos/as capaces, honestos/as, que se comprometan con la democracia en alas del bien común y por encima de los poderes facticos que nos ahogan. La manifestación del miércoles demuestra el elevado nivel de compromiso y responsabilidad que tiene el pueblo de Madrid y España entera.

Necesitamos políticos/as preparados/as, con las ideas claras y generosos/as con el bien común. Y cuando los encontremos, no se mirara si son de derechas, de izquierdas o centro. Tampoco si son católicos, musulmanes o ateos. Se recurrirá a ellos para salvaguardar los intereses del estado de derecho y la institución de libertades democráticas. 

 La crisis ha acentuado el conflicto entre los intereses particulares de la clase política española y el bien común de España. Las reformas estructurales para permanecer en el euro, chocan frontalmente con los mecanismos de saqueo de la casta política. La infinita desgana con la que se está abordando el proceso de reformas nos muestra las consecuencias que el reformismo producirá a la clase política en su sistema de captura de rentas. Es decir, y siendo claro, la casta política está “mareando la perdiz” con la esperanza de que la tempestad amaine por sí misma para que al final no haya que cambiar nada esencial. Como este escenario parece poco probable, tarde o temprano, Los/as políticos/as se enfrentará al dilema de aplicar las reformas o abandonar el euro.
Políticos y políticas de Valdemorillo, estáis haciendo de una política, con minúscula, un modo de vida lucrativo. Pivalde: habéis engañado a vuestro electorado, que esperaba de vosotros otro comportamiento muy distinto, el que mostrasteis en vuestro programa electoral. Ese votante no os va a perdonar y desapareceréis del panorama político del pueblo como lo hicieron otros grupos. Pero aún estáis a tiempo de propiciar una moción de censura consensuada para que el ciudadano sepa rectificar.

A los grupos de la oposición, están ocupados en sus quehaceres habituales dedicando el mínimo posible a su electorado en el desempeño, una responsabilidad aceptada.  A ellos les decimos: ¡no estáis, ni de lejos, a la altura de las circunstancias! y debéis plantearos una profunda catarsis, introduciendo a personas preparadas con posibilidad de tiempo de dedicación y ganas de SERVIR al bien común del pueblo. Precisamente ahora  cuando el electorado sufre las consecuencias de una crisis de la que es indirectamente corresponsable.

Alguna gente se siente cansada de ese marchar siempre aguantando directrices no conformes a su casuística. Otras hicieron dolos a su electorado arrimándose al sol más caliente. Mientras la mayoría silenciosa está cabreada, pero no hace absolutamente nada para remediar el vacío existencial, y con sólo lamentarse de la clase política parece cumplir con su compromiso.

Cada persona, de una manera u otra, termina recogiendo la siembra del trabajo y nos sitúa en el lugar que nos corresponde. Decía Marañón: con la vejez adquirimos el rictus de la vida, el marchamo de lo vivido y de nuestro proyecto de vida. El insigne medico decía que era capaz de reconocer a una persona anciana sólo con mirar la huellas de su cara, su semblante, su mueca de amargura o felicidad. Dejen esa forma de hacer política y dedíquense a vivir de otra manera, aprovechen los conocimientos para trabajar por los demás de forma más altruista y recobrar la dignidad perdida.

Ayuden a construir otro tipo de políticos cuyo objetivo sea la ciudadanía y no sus intereses egocéntricos. Hay que modificar, en su esencia, el “chip de la democracia” y con ello intentar construir otro tipo de interrelación social de servicio verdadero para que el ciudadano vea en el político y en la democracia una manera para vivir mejor.

JGM

 

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