Chorizos, sobres y dineros. (Por María León)

Llevamos toda la vida peleando por conseguir que las cosas sean algo mejor para nuestros hijos o nietos y ahora vemos que puede que todo sea peor de lo que nuestros padres lo tuvieron, mucho peor que lo tuvimos que afrontar los de nuestra generación.

Ayer estuve en la concentración que se convocó por la corrupción de la que estos días nos hablan en la prensa. En realidad por otra página más de lo que ya conocemos desde hace décadas sin que se haya hecho nada por impedirlo.  Grité y canté contra lo que está ocurriendo.  Cualquiera pensaría que podía estar pasándomelo bien, cualquiera que no comprenda la indignación y pena que se te mete en el cuerpo cuando, como madre y trabajadora, ves y sufres en primera línea todo lo que está ocurriendo.  Estar rodeada de jóvenes como mis hijos o mayores como mis padres. Jóvenes que expresan con naturalidad brutal que no tienen futuro.  Mayores que lloran amargamente por lo que no van tener sus nietos. Parados que no volverán a tener trabajo.  Y entre la multitud, entre pitos y cánticos, otros, con menos todavía, ciudadanos de la calle, sin techo, que en ese rato al menos se sentían acompañados y calientes. Imposible pasarlo bien. Pero al mal tiempo hay que poner la mejor de las caras posibles.

Como otros días parece que la importancia de lo ocurrido se mide por el número de personas que salen a la calle en estos momentos puntuales o en las convocatorias más oficiales. Hoy no hay rincón o conversación en la que esta situación de injusticia social no aparezca de una u otra forma. En la familia, en el trabajo, en el transporte diario, en las colas. No es en las broncas de periodistas o tertulianos donde se percibe el daño que están haciendo a la gente.  Es en el día a día normal, cuando no sabes si vas poder seguir atendiendo a los pacientes con las mismas garantías sanitarias que hasta ahora había. Cuando ves como la vida de los ancianos se puede acortar por decreto ley,  por la exclusión obligada de las prioridades clínicas. La reducción drástica en los tratamientos que se está imponiendo en los hospitales va a afectar directamente en la esperanza de vida de muchos jóvenes y mayores.  Cuando ves que quieren enfermos para generar  beneficios que repartir entre los parientes  de los que ahora dicen que se reparten sobres de dinero negro. Yo siempre he pensado que esos dineros siempre son rojos, porque son billetes manchados de la sangre del pueblo, de la gente sencilla, de los que se levantan y se acuestan pensando que el día siguiente puede que sea peor y que no saben como mirar a los ojos a sus hijos sin que se les note la pena.  Claro que, como decía ayer una chica de la edad de mis hijos, estos están provocando que esto acabe con sangre en las calles. Habrá que impedirlo, como sea, pero si no queda mas remedio estaremos junto a ellos, delante de ellos.
MLP

 

 

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