La creación de empleo no es una animación gubernamental. (Por Rafael Guardiola)

Los comentaristas políticos hablan constantemente de la creación de empleo, porque es una necesidad nacional; los políticos, incluído el presidente del Gobierno, proclaman que con las reformas que van aplicando, por imposición de los políticos europeos que picotean en los ámbitos de Bruselas, muy pronto comenzará a crearse empleo; los economistas no comprometidos con los partidos de derechas aseguran que con las reformas que se están aplicando, no sólo  no se creará empleo si no que se destruirá más todavia; los sindicatos mantienen las afirmaciones de estos últimos. ¿Quien tiene razón? Será difícil de saber si los últimos la tienen o no, pero las pruebas demuestran que los primeros no la tienen. El paro continúa acentuándose y los trabajadores van perdiendo derechos con arreglo a  los acuerdos de Toledo, respecto a la posibilidad de obtener algún día una pensión digna con qué vivir decentemente hasta el día de su muerte. La base que establece la cuantía de las pensiones se mantiene sobre las cotizaciones de los últimos 25 años,   ¿Cuantos trabajadores podrán conseguir alcanzar esta mínima vida activa? La necesidad de trabajar obliga a los trabajadores a aceptar contratos de trabajo, con un salario hasta un 50% mas bajo que el que deriva de los últimos convenios colectivos, que siendo bajos se consideraban justos hasta hace seis años. ¿Hasta cuándo podrá soportar el trabajador esta presión?

Cualquiera de estas preguntas deberían despertar el interés del Gobierno por buscar un sistema político que verdaderamente cree empleo. Presionar a los trabajadores no sirve, porque ellos no son los que pueden hacerlo. Los que pueden hacerlo son los empresarios, que no lo harán hasta que vean la posibilidad de vender lo que pueden producir, por lo tanto el verdadero trabajo del Gobierno debería ser facilitar las exportaciones de productos industriales reduciendo los impuestos de todas aquellas actividades empresariales encaminadas a la exportación. Otra parte y no menos importante de su acción política, sería convencer a los empresarios que deberían sacar de su contabilidad de costos cualquier remuneración al capital, con lo que al unir estas dos importantes partidas conseguirian un gran aumento de la productividad. Otra parte de la productividad, fácilmente conseguible, sería que la contratación de la mano de obra necesaria para conseguir el volumen de producción suficiente para exportar, volvería a ser invertida por los trabajadores vía consumo. En total son los tres váculos sobre los que se mantiene la capacidad de competencia necesaria para exportar ese 25 % perdido hasta ahora. Todo lo demás sólo son sueños inútiles con los que se está flagelando innecesariamente a los trabajadores españoles.

RGH

 

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