Las Industrias de Valdemorillo. Los Hornos de Cal.(Por Enrique Suja)

A  causa  de la naturaleza geológica del entorno no existen vetas de mineral provechosas en la zona y las referencias históricas de las que disponemos no pasan de ser anecdóticas.

.- El 4 de diciembre de 1.561 se registro una mina de plomo en el término de Valdemorillo .

.- En el Desbarradero de la Cruz, municipio de El Escorial y en el Término de Navalagamella se permitió beneficiar sendas minas de oro y plata .

Los únicos filones rentables los encontramos en las minas de cobre de Colmenarejo que ya fueron explotadas por romanos y visigodos  y lo fueron nuevamente en la segunda mitad  del siglo XIX.

En consecuencia la actividad minera se encuentra restringida a la zona sur del término municipal donde existe una gran bolsada de yesos plásticos y arcillas refractarias que discurre entre las cuencas de los ríos Aulencia y Perales. En el primero, se encuentran las ricas vetas de caolín y feldespatos que fueron beneficiadas por la fábrica de loza fina de Valdemorillo en la segunda mitad del siglo XIX.

En el siglo XVI los geógrafos de Felipe II prospectan la zona marcándola con monolitos a lo largo de la margen derecha del arroyo de Quijorna, que indican la propiedad real, allí donde se encuentran los topónimos de Buenavista, Almagreras, Hoya Espesa, Las Rentas y El Vetago.

En el paraje de Buenavista, el cerro Bolsero proporciona albedos de hermosas coloraciones, Almagreras, como su nombre indica, son afloramientos de mineral de hierro que fueron utilizados por los primitivos habitantes. En la zona de la Hoya Espesa estos geógrafos horadaron un cerrete con profundas galerías que hoy en día se conoce como “La cueva de Valdemorillo”, y en el lugar de Vetago, a lo largo de la Cañada Real Segoviana, se encuentran las caleras situadas “a pie de cantera”.

La piedra del Rey


Geología de la zona en estudio

Aquí los cerros están compuestos de areniscas, micro conglomerado, calizas y dolomías , discordante  sobre el  zócalo metamórfico aparece una formación arenosa denominada por los geólogos Facies Utrillas, que se distingue con facilidad por su luminosidad, a techo de esta se presentan niveles margosos que dan paso enseguida a las calizas del Cretácico Superior.

En esta zona las calizas son de tono azulado o amarillento, aparecen algo alteradas, siendo su espesor escaso (2-4 m.) y su extensión lateral no muy grande . Un entorno con enormes posibilidades para la fabricación de cal hidráulica que no va a ser desaprovechado.

La fabricación de una argamasa a partir de la cocción de una roca parece ser tan antigua como el arte del alfarero y es en el Egipto del tercer milenio cuando se unen las piedras con este producto por primera vez. La cal fue conocida por los griegos que la utilizan en estucos, revoques y enlucidos pero son los romanos los que sustituyen la cal por las arcillas consiguiendo una argamasa cuasi eterna que forma parte de sus mejores obras, la cal, del latín calx, se consigue mediante la calcinación de la piedra caliza a mas de 1.000 grados durante la cual pierde el gas carbónico, según la ecuación química CaCO3—— CO2+CaO.

Las caleras de la zona corresponden a la clasificación de horno de cuba con bóveda efímera, están  construidas con mampostería de rocas del entorno trabadas con cal, recubiertas al interior con arcilla refractaria y excavadas en el suelo para evitar las pérdidas de calor, tienen unos tres metros de diámetro y tres o cuatro de profundidad. Hemos contado cerca de veinte caleras pero podría existir alguna más ya que al estar colmatadas se confunden fácilmente en el terreno. Como combustible se utilizaba la leña del entorno, principalmente jaras y retamas, lo que llego a despoblar de estas variedades una gran extensión de tierra, algunas de las caleras, con mayor vigor comercial, construyeron una pequeña edificación auxiliar anexionada al cuerpo de la cámara con el fin de albergar a los operarios en los turnos continuos de alimentación del combustible.

En los contratos que se firmaban entre los compradores y los caleros, estos se comprometían a servir la cal bien cocida y que el cuesco no sobrepasara las siete fanegas por  cada cien.

Desde 1.566  existen documentos que hablan del transporte de carretas de cal desde las canteras de Vetago hasta El Escorial, para la construcción el Monasterio. En este abastecimiento también participaban las poblaciones de Chozas, Guadalix, Manzanares, Robledo de Chavela y Navalagamella.

El 18 de abril de 1.577 se registro una mina de greda que se descubrió en el arroyo y cerro de La Laguna, entre Valdemorillo y La Despernada, el 12 de junio de 1.579 se concedió licencia para beneficiarla .

En 1.597 se registra un horno de cal en funcionamiento cuyo propietario es Juan de Elvira, alcalde ordinario de Valdemorillo, es muy posible que existiera algún otro sin reseñar.

En los primeros años del siglo XVII se incrementa el número de caleras a consecuencia de la creciente demanda, es la época de esplendor de las caleras. Conocemos los nombres de algunos de sus propietarios: Bartolomé Gordo, Juan de Teresa, Blas de Martin, Blas de Moya, Juan Rodrigo, Lucas Benito, Antonio Hernández, Juan de Elvira y Diego Cepilla, que tenía el suyo en la cañada.

La cal costaba lógicamente a distinto precio según fuera puesta a pie de horno o a pie de obra, cuando tenían que pasar los puertos de la sierra el precio por fanega aumentaba bastante.

En 1.613 Diego Cepilla surtió de cal al señor de Polvoranca, para unas obras que realizo en su villa. En el mismo año se empleaba la cal que fabricaba Antonio Hernández en un edificio que estaba construyendo en Madrid  Sebastián de la Oliva para el rey Felipe II, el citado calero tuvo que contratar a un carretero de Quintanar  llamado Juan Calvo, para que con siete carretas hiciese seis viajes a la capital. La cal costaba dos reales y cuatro maravedís cada fanega.

En 1.614 el calero Lucas Benito se obliga a entregar al Monasterio de El Escorial toda la cal necesaria para las obras del Castañar a tres reales y diecisiete maravedís la fanega. En este mismo año se empleo la cal del Vetago en los paredones que se hicieron en la puente de La Segoviana de Madrid, unos años después de su construcción.

En 1.616 se empleo la cal para unas obras que se realizaron en el monasterio de Santa Clara de Madrid, en el mismo año Juan Rodrigo vendió un horno bien instalado, con sus entradas y salidas, usos y costumbres a Bartolome Gordo por veinte ducados.

En 1.618 se utilizo la cal en unas obras que se realizaron en la catedral de Toledo.

Para las casas y bodegas que El Monasterio hizo en 1.621 en El  Quexigal se emplearon muchas fanegas de cal que fueron transportadas hasta allí por quijorneros.

El valor de un horno de cal en los primeros años del siglo XVII era de unos quince a veinte  ducados, en 1.626 se vendía uno de ellos que estaba situado en La Tejera por 16 ducados.

En 1.628 se empleo esta cal en las obras que el marqués de Villena realizo en su villa de Cadalso de los Vidrios.

En 1.718 el corregidor de Madrid, marqués de Vadillo, encargo al arquitecto Pedro de Rivera el proyecto del puente de Toledo para sustituir a otro que era frecuentemente arrastrado por las aguas, la obra duro varios años y las caleras de Vetago proporcionaron buena parte de la cal necesaria, en septiembre de 1.719 se habían servido ya 2.000 fanegas .

A mediados del siglo XVIII se inicia el declive productivo de la cal en la zona, según el Catastro del  marqués de la Ensenada (1.752) solo funcionan seis hornos en Quijorna que proporcionan a sus dueños 6.200 reales al año; asimismo hay una cita sobre la existencia de 21 trajinantes de este producto.

En el Catastro del conde de Aranda (1.759) encontramos a Fernando López Abelló cuyos hornos situados en el Vetago suministraban cal para las obras de Madrid, en 1.766 lo hace para unas obras en el palacio real.

En 1.761 las caleras que tenían Hermenegildo Rodríguez y Pedro Casado en la cañada estaban inactivas. La calera de Francisco y Narciso Cepilla también se encontraba en la cañada, tenía tres varas de frente y tres de fondo y producía a sus dueños una ganancia anual de 600 reales a cada uno. La leña es suministrada por vecinos de Navalagamella .

En 1.762 José García encarga la construcción de un horno nuevo en la zona de Vetago, su hermano Antonio García aparece como usuario de otro horno de cal perteneciente a Jerónimo Elvira.

Por el censo de 1.768 sabemos que en el término de Valdemorillo funcionan cuatro caleras que venden  la cal en las obras de San Francisco el Grande de Madrid y en las del  palacio de Boadilla del Monte.

En 1.770 Fernando López junto a Manuel Gutiérrez consiguen un contrato para suministrar cal a El Escorial para las obras de los amojonamientos de los Infantes.

A partir de este año el número de hornos en activo fue disminuyendo y en 1.784 solo se fabricaba “alguna cal”, en el mismo año, en las Relaciones Topográficas de Tomas López, se indica que la cal de este lugar es de “una especie sobresaliente”.

En el siglo XIX funcionan solo algunos hornos en Quijorna, mientras que en el Vetago, donde habían trabajado a la vez 12 hornos con 60 personas, las caleras se encontraban casi en pleno  abandono al final de la centuria, a la baja rentabilidad de la cal se unió la llegada de la era industrial con la instalación de la fábrica de loza fina “Falco y Cía.” que dio trabajo a la totalidad del pueblo de Valdemorillo, circunstancia que propicio la industria de ladrillo, que volvió a utilizar las ricas arcillas de la zona.

Existe otro grupo de caleras, entre diez y quince, en los cerros que caen al rio Aulencia, son propiedad de las familias Entero y González y han sido gestionadas por ellos, por esto carecemos de documentación para su estudio.

En la zona de Quijorna, los últimos hornos dejaron de funcionar hacia 1950. Los hornos industriales modernos (procesos continuos), instalados en la segunda mitad del siglo XX, han acabado con las caleras históricas (procesos discontinuos).

La fabricación de cal hidráulica fue durante muchos años una apreciada fuente de ingresos para los habitantes de Valdemorillo y en particular de Quijorna, hubo aquí arrieros profesionales dedicados de forma permanente a la carga de material, también fue frecuente que algunas personas se dedicasen a esta actividad en el tiempo en el que no se realizaban labores agrícolas, consiguiendo algún dinero extra, se los llamaba labradores-trajineros.

En el siglo XVII había en Quijorna 21 trajinantes de cal, algunos de ellos eran también propietarios de sus hornos como Isidoro Casado, a quien la arriería le reportaba 250 reales al año empleando un mulo .
Los hermanos Francisco y Narciso Cepilla, fabricantes de cal, también se dedicaban al transporte, empleando cada uno un mulo y dos asnos, obtenían 1.000 reales al año cada uno.

Manuel Granizo, además de carretero, porteaba lo que salía, obteniendo 1.000 reales al año.

Teresa Marina, viuda, empleaba tres mulas para hacer portes ganando 1.000 reales al año.

La viuda de Manuel Romero con la ayuda de un criado y utilizando cuatro mulas, obtenía un beneficio de 1.500 reales al año .

 

Situación de caleras y hornos

Calera

Plano de situación

Frente de la calera

Sección del horno


Planta del horno con dependencia anexa

Planta del horno

Horno de cal con dependencia

En la zona de Vetago, además de las caleras, existen dos hornos para la fabricación de cacharros construidos por José Orodea Varea, nacido en 1.936 en San Lorenzo de El Escorial, trabaja en la fábrica de loza “Falco y Cía.” donde llega a ser director del taller de moldes en 1.867 , en 1.912 abandona la fabrica para formar su propia industria.

Para ello construye un primer horno imitando el emplazamiento de las caleras, cilíndrico y excavado en el suelo, tal vez, remodelando una de ellas, utilizando el ladrillo refractario para recubrir la cámara de combustión, con el objetivo de conseguir  elevadas temperaturas que permitan las cocciones satisfactorias.

La cámara de carga y el laboratorio tienen la misma dimensión, se encuentran separadas por una bóveda fija con orificios distribuidos en círculos concéntricos que permiten el paso del calor y ayudan a regular la temperatura.

Su construcción resulta similar al resto de caleras realizándose a base de piedras recogidas del entorno trabadas con cal y existen dos casillas anexas al cuerpo del horno para dar cobijo a los trabajadores. Finalmente no se consigue alcanzar los más de mil grados necesarios para la loza y el horno es abandonado.

Restos del horno

Sección por las cámaras

Sin desanimarse, D. José, levanta un nuevo horno en el mismo paraje, en esta ocasión inspirándose en los hornos de botella de la fábrica de Valdemorillo, un horno moderno dentro de lo arcaico de la clasificación de los hornos de cuba, construido con mejores y más idóneos materiales que su antecesor, su rendimiento no fue en ningún caso el esperado, resultando un segundo intento fallido.

La descripción del mismo es fundamentalmente la de un horno de cerámica constituido por una gran chimenea realizada con ladrillo refractario que a su vez contiene la carga de piedra a tratar, situada sobre un basamento circular de piedra que constituye la cámara de combustión o laboratorio del citado horno que presenta varias bocas radiales a la cámara y que permiten la alimentación continua del horno por varios puntos simultáneamente. Las dimensiones de los dos cuerpos son sensiblemente las mismas, cinco metros cada uno con una altura total de diez metros.

Ante el fracaso de los hornos de cuba, José Orodea instala a las afueras del casco urbano un amplio taller con varios hornos eléctricos en los que fabrica material cerámico para laboratorios, aprovechando los feldespatos del rio Aulencia.

Con su muerte, su hija Ramona Orodea asume la dirección de la empresa, donde además, ella misma produce delicadas cerámicas de gran valor artístico, continuando así una tradición ceramista que en el caso de Valdemorillo se remonta a épocas prehistóricas.    

Addenda
Los hornos de cal o caleras son edificaciones singulares, exponentes de una actividad que ha ido ligada necesariamente a las primeras formas del control del fuego y sus aplicaciones industriales, testimonios de una ancestral actividad, que tan poca diversidad de variaciones ha experimentado en el correr del tiempo, la hacen digna de interés y estudio para sus análisis y posterior inclusión en los catálogos de edificaciones a proteger, no solo por su  valor testimonial de sistemas constructivos tradicionales sino porque suponen una herencia histórico-cultural que cuesta muy poco preservar por encontrarse en parajes sin posibilidad de desarrollo.
La conservación de estas estructuras suponen un valioso punto de referencia cultural y ambiental que dotan a estos paisajes de un romántico interés una vez perdida su función inicial.

Archivos Consultados.- AGS, APM, AHN.

Notas
1. Tomas González, Registro y Relación General de Minas de la Corona de Castilla, Madrid 1.832.
2. Nicasio Antón Valle, El Minero Español, Madrid 1.841.
3. Libro Blanco de la Minería, Instituto Geominero de España, Madrid 1.995.
4. Mazadiego  Martínez, L.F.;  Puche Riart, O; Jorda Bordehore,L; Hervas, A.M.; Procesos Comerciales e Industriales, Hornos de cal en Quijorna. Madrid 2.004.
5. Tomas González, o.c.
6. Protocolo nº 30.828
7. Peris Barrios, A. Quijorna. Historia de un pueblo madrileño. Ed. Excmo. Ayuntamiento de Quijorna. Sin fecha.
8. Protocolo nº 30.829

 

9. Protocolo nº 30.839

10. Texto extraído de las publicaciones de D. Antonio Laborda sobre Valdemorillo.
11. Catastro de Ensenada.
12. Antonio Laborda, Cuadernos de la Historia de Valdemorillo, Edición de Autor.
13. Catastro de Ensenada
14. Catastro de Ensenada
15.  Peris Barrios. o.c.
16. José Sierra Álvarez y Isabel Tuda Rodríguez, Las Lozas de Valdemorillo, Comunidad de Madrid, 1.996
17. Puche Riart, O.; Mazadiego Martínez L.F. y Jorda Bordehore L.  Hornos para refractarios de  D. José Orodea en las proximidades de las casas del Vetago, Valdemorillo, Madrid. Actas del IV congreso internacional sobre Patrimonio Geológico y Minero. Ed. Ayuntamiento de Utrillas, Teruel 2.003.

 

Enrique Suja

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