Quince minutos (Por Luis Chamarro)

Uno de ellos, el señor Coba, volvió a repetir modos y maneras tras sentar sus reales en la silla que ocupa  para estas ocasiones plenarias. A cuenta de la silla le largó una serie de comentarios, difícilmente comprensibles, al ciudadano Matas que hablaba con un empleado municipal sin haberse dirigido para nada al citado al señor Coba. Por lo visto se había dado por aludido el concejal.

Desde luego parecía que llegaba predispuesto a acometer contra cualquier sombra que pudiera parecerle una amenaza, pues momentos antes de esto, camino de la poltrona, ya se había encarado con un vecino que le había requerido por lo de quitar carteles críticos con el grupo de gobierno. No parecía que el señor Coba estuviera en condiciones de reconocer la coña del comentario y con el dedo acusador señaló que eso no se podía hacer, lo de pegar carteles, haciendo referencia a una ordenanza que no hubo manera de entender por lo precipitado de las palabras. Dado el calor con que se manifestó el señor Coba no hubo más remedio que decirle que se iba a “jartar” de  ver carteles. Y ahí es cuando se volvió y arrimándose a mí, cual machote callejero, me  dijo, en castellano, que yo era “reincidente”. No me dio tiempo a responder al comentario, pues instintivamente tuve que retirarme un poco huyendo  de los vapores del aliento a celebración, no precisamente con agua de solares. Lo que pudiera haberse celebrado me la trae sin cuidado, lo que hubiera lamentado es que en ese recorrido hasta la Biblioteca Municipal le hubieran parado  los municipales.  No se yo como hubiera quedado el asunto, pero para varios puntos de penalización le faltaría poco.  Y ahí me viene la otra duda, la de las condiciones en las que ha de asistirse a una sesión como la de un pleno municipal. De haber estado en una obra el riesgo de accidente laboral es tan evidente que nadie  hubiera podido incorporarse al tajo. Es más, debería en ese momento abrirse  un expediente de depuración de responsabilidades por parte del superior más inmediato. El que en estos momentos las funciones del señor Coba no son de pico y pala, pese al lema de la señora Aguirre, sino de intelecto y reflexión, ha quedado recogido  en las actas de los plenos y de cómo se las gastan los concejales del gobierno a la hora de agredir verbal y actitudinalmente a los vecinos asistentes. Por ello la pertinencia de valorar algún tipo de control por funcionarios habilitados a estos efectos, al menos como hipótesis de trabajo inserta en el obligado Plan Municipal de Riesgos Laborales, que todos pagamos con los impuestos.

En otro orden, pero también referido al señor Coba. He vuelto a reincidir en la lectura de unos documentos, tres, que tratan de unas diligencias, las 464/2000, en las que el Banco Español de Crédito reclamó al señor Coba , ante el Juzgado nº 1 de San Lorenzo de El Escorial, la cantidad de 39.065 euros (6.500.000 Pts) y de cómo el concejal de Hacienda en aquellas fechas, el señor de Miguel, instruía a la Interventora, la señora Porras Moreno. Esta funcionaria manifestó sus reparos el 25 de marzo de 2002, pues mientras no tuviera conocimiento oficial, por parte del referido juzgado, ella debía seguir efectuando las retenciones en nómina en cumplimiento del embargo oficiado.  Entre la lectura y darle vuelta a lo que hubo entonces y antes por este asunto  se me fueron  otros quince minutos.

LCH

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