Los otros tamayazos (Luis Chamarro)

Mientras en  las teles y radios se suceden  bolos promocionales con entrevistas a medida y buenas formas hasta el empalago unos tras otros de los descriptores y redactores de sus vivencias olvidan de comentar que papel han jugado en algunas de las cuestiones que enmarcan la crítica situación en la que nos encontramos hoy.  Y las tertulias de los profesionales de la opinión exprés como remate en el proceso de manipulación de la realidad.

El derecho a rectificar reclamado por algunos implicados en las decisiones del anterior gobierno ha sido seguido por algunas manifestaciones de otros   próceres  en activo que, bajando la voz y la mirada, aseveran, ahora, que ellos  hubieran dimitido y convocado elecciones, dando la oportunidad de que los ciudadanos se manifestaran tras lo ocurrido en mayo de dos mil diez, con la quiebra del compromiso del gobierno y su partido con sus electores y la nación en su con junto.   Sin embargo, permanecieron callados, sentados y mantenidos.  Tuvieron otra oportunidad de dignificar su triste posición política cuando se planteó la reforma constitucional en el verano de dos mil once.  Al final los que votaron se señalaron. Algunos ya se han ido. El resto es de esperar que asuman que ya deberían haberlo hecho o que deberían ir marcando una fecha para pasar a la actividad privada o la jubilación. En este último caso no estaría de más que se renunciara al privilegio que  les diferencia del resto de los españoles en cuanto a los criterios para consolidar una pensión.

Ahora, también puede señalarse con el dedo a los que durante treinta años han sido responsables  de la estafa hipotecaria, la que consolida una segunda e ignominiosa fase en el negocio financiero,  con la no trasposición de la Directiva CE 93-13 que hubiera impedido las prácticas ilegales llevadas a cabo por los bancos y cajas en España.  Ahora ha venido la justicia europea a poner orden y por ello ha corrido el gobierno actual a preguntar a los banqueros que tenían que redactar para incluirlo en el BOE. Y ahí ha quedado esta ley de reforma de la podrida legislación hipotecaria hasta ahora vigente. Una ley que habrá que denunciar en tiempo y forma y que deja a los pies de los jueces y banqueros a cientos de miles de familias cuyas hipotecas han estado infectadas de clausulas vergonzosas y  abusivas.  Treinta días para recurrir los afectados por procedimientos de ejecución hipotecaria. Un plazo sumarísimo que va impedir a miles de familias poder defenderse de los bancos. Un plazo que nadie en el panorama político ha reclamado ampliar.

Una consecuencia inmediata de esto que ha ocurrido es la visualización de quienes han estado al frente de gobiernos, del papel  jugado por las  instituciones afectas a estos asuntos  en este tiempo y de quienes se han beneficiado, que para eso son los que pagan y mandan.  Treinta años de negocio sin fronteras, ni externas ni internas, como se demuestra con las redes de negocios que han aflorado y afloran día a día alrededor y dentro de esa unidad de beneficio en lo universal en que han querido convertir a España desde los despachos en que se reparten los papeles a jugar en el escenario de la política nacional.

Mientras  los afectados por la política impuesta tras la modificación constitucional y por las consecuencias de la crisis en  lo referente a las hipotecas reclamaremos como proceda que los responsables de estos atentados de lesa sociedad respondan de sus actos.

¿Lo del tamayazo? Otro capítulo negro con diferentes bandas. Algún insatisfecho aclarará algo.

Luis Chamarro

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