Una reflexión sobre el arte actual (Conferencia 18-6-2013) (Por Modesto Roldan)

Que no es otra cosa que preámbulo el intento de aclarar ese cúmulo de ismos y tendencias que produjo la invención de la cámara oscura y la invención del daguerrotipo que fijaba en permanencia la imagen. O sea, el descubrimiento de la fotografía a mediados del sitio XIX.

Cada vez que la humanidad accede a una nueva herramienta que alivia los afanes de la vida cotidiana, acelera el progreso y pone en nuestras manos los medios para comprenderla. Transforma los hábitos sociales y nos obliga a plantear nuevas preguntas sobre nuestra propia existencia en lo moral o ético con gran impacto en lo que atañe a la idea que nos hacemos de nuestras creencias y formulaciones. Así nació y se desarrolló un nuevo arte que hacia obsoleto el papel rol que el arte pictórico desempeñaba hasta entonces.

 

Siempre ha sido así desde los primeros útiles en sílex del paleolítico, cuando con el simpe hecho de hacer un agujero en el techo de la gruta primitiva, se inventó la chimenea. Despojada de humos que hacían insoportable la estancia prolongada la casa primitiva se convirtió en ágora donde la convivencia fue prolongada y acogedora.

Hizo factible la comunicación verbal del “homo sapiens” y el grupo social desarrolló un embrión de lenguaje que ya se iniciaba con gesticulaciones, gritos, gemidos y onomatopeyas.
Los gestos aún perduran hoy día, incluso en salones selectos como la Asamblea Nacional donde todo una señoría hace la peineta a otra señoría de la oposición.

 

En aquellos principios, el Verbo era Dios y el Verbo estaba en Dios, dice La Biblia. Y la primera casa que el hombre crea es ese mismo Dios en forma de mujer. Es todo natural. Es la hembra la única creadora de la Vida. Y fue ella el más venerado totem que se realizó con arcilla cocida: la Venus de Willendorf, por ejemplo, el más remoto fetiche que ha llegado hasta nosotros.

Los Dioses barbudos solo comienzan en el Neolítico, centenares de siglos más tarde, cuando se crea el Patriarcado. Y las barbas perduran desde entonces en templos con diferentes trazas como son las mezquitas, las iglesias o las sinagogas. Son las tres religiones, hermanas por parte de padre. Las mismas que se destripan y masacran entre ellas desde la institución del Patriarcado.

Y si me preguntas qué tiene esto que ver con la chimenea y el aparato fotográfico, os respondería que ahora tenemos la posibilidad de ver a esos mismos reyes y príncipes colgados de nuestros muros, con sus actitudes y poses marciales,  matando feroces elefantes en la selva africana. Antes estábamos obligados a acudir al museo o a los palacios para contemplarlos.

Ahora, cualquier plebeyo como usted o como yo podemos llevar sus fotos en nuestros bolsillos.

¿Tendré que insistir para hacerles ver la diferencia?

Desde el principio del arte plástico que comienza en las cuevas de Altamira y Lascaux, la pintura, ya sea al fresco en las paredes del habitáculo primitivo o en los muros sagrados de los tempos ha tenido una función primera, detener al tiempo con la fijación de la batalla o bien fijar en un lienzo el rostro del ser querido.  En el caso de Altamira fue también de tipo funcional, no lo olvidemos, porque con el tigre ya atravesado por la flecha se exorcizaba el peligro del cazador y como es de deducir que las hembras dedicaban todo su tiempo a la recolección y el cuidado de la prole, fueron ellas las que engalanaron con pigmentos las paredes de las viviendas en tanto ellos cazaban. Y como eran ellas las recolectoras de yerbas y raíces fueron también las creadoras de la agricultura y la ganadería. Fueron ellas las que crearon el advenimiento del Neolítico, el periodo más rico y prospero de la historia humana.

Un periodo de tal riqueza y abundancia que propició la soberanía de la mujer, de inteligencia y carácter más reflexivo y cauteloso que el macho. Según los grandes textos de la literatura universal fue también un tiempo idílico, la soñada Utopía de la Arcadia feliz. Cervantes nos dice en el Quijote “dichosos tiempos aquellos que los antiguos llamaban dorados. Y no porque el oro, que ahora tanto se estima anduviese en abundancia, sino porque se ignoraban las pairabas “TUYO Y MIO”.

Pero ¡Ay! fue solo el tiempo del matriarcado. Y esas mismas riquezas que las hembras aportaron, fueron las causas de su propia anihilación en la Historia.

La mujer desaparece como sujeto para convertirse en objeto.
Con la acumulación de la riqueza se crearon las leyes de la propiedad privada.

Fue el macho quien estableció las leyes de la herencia e hizo que su primogénito hijo fuese el solo heredero de sus propiedades, ganado y hembras incluidas. Y como necesita saber con toda seguridad que es él el único padre, el vientre de la mujer fue su tesoro más vigilado, sin admitir el más leve signo de promiscuidad fuera de su autoridad absoluta.

Incluso la podía convertir en moneda de cambio, como las cabras o los bueyes. Y se hizo legal el asesinato de la hembra tras la simpe sospecha de adulterio. Los chamanes incluso inventaron el pecado de lujuria que antes no existía y una moral drástica sobre la sexualidad hizo desaparecer el orden anterior de libertad y gozo. La hembra, que antes era sujeto activo y hasta Diosa, se convierte en ese objeto frígido y manipulado según los deseos de su señor y dueño.

Los resultados helos aquí, que incluso hoy mismo se llama mujerzuela a cualquier mastuerzo. Hasta el señor Sigmund Freud idioma a la mujer “continente negro”. Así de turbio fue a veces ese a buen hombre al que en otro sentido tanto debemos.

Ese nuevo orden feudal, conllevaba también las leyes de pureza de sangre y el juramento de fidelidad al patriarca que son las bases del crimen de género, como se dice ahora, y los genocidios y masacres de rigor.

Pero todo esto es política y no es motivo primordial de nuestro encuentro aquí y ahora. En todo caso yo soy el menos indicado para aportar soluciones.

 

Soy pintor y solo me ocupo de mi oficio. He venido aquí para discutir con ustedes, fraternalmente si es posible, de la profusión y la impostura que ha sido y sigue siendo el panorama de la pintura actual y que tiene su raíz en la invención de la fotografía en 1830 como antes lo tuvo la chimenea y la multiplicación de enseres y herramientas que desde entonces hubo.

EI primer fenómeno fue EI Impresionismo el más sano y consecuente, La fragmentaci6n del color de Manet, Pisarro, y otros, como nuestro compatriota Sorolla, del que se sabía poco y siempre de manera equivocada, sobre todo por españoles de mala intención.
EI impresionismo ha sido una saludable y clara transformación de la imagen, una virtud poética que el artefacto mecánico nunca podrá poseer, a menos que no sea un Brassaï, o un Cartier Bresson que lo maneje.

Tampoco olvidemos que el Sr. Manet vino a observar de cerca en nuestro museo del Prado a Don Diego Velázquez y sus inspirados brochazos.

En suma, la frase de Rasking: “el arte es el hombre, añadido a la Naturaleza”. 0 bien esos versos de Machado: “Esos ojos que tu miras, no lo son porque los miras, son ojos porque te ven”

EI encuentro de esos dos genios fue todo un acontecimiento para la pintura muy poco después de 1830.

Tras la foto fija siguió la foto de la imagen en movimiento, o sea, el  cine y de nuevo la pintura reaccionó con la cintica de Marcel Duchamp y su celebrado “Desnudo descendiendo una escalera”. Comienza el desbarajuste con los “fauves”, las fieras del color primario. Excluyo al místico Van Gohg que fue el mayor visionario.

La esclusa se desbordó con el rompecabezas de los dos cubismos, el analítico y el sintético donde Mr. Picasso y Braque electrizaron las masas.

Se suele decir que el señor Cezanne fue un genio, lo cual es una exageración desde todos los puntos de vista en que se mire. Personalmente pienso lo mismo que Dalí, cuando dijo que “Cizanne pasó su vida entera haciendo manzanas y no consiguió ni una sola”

El señor Dalí dijo cosas muy justas, además de pintar cuadros excelentes. Cuando en una entrevista en Paris le preguntaron qué pensaba de Mondrian, solo pronunció su nombre de pila “Piètre” que en buen francés es algo así como “lamentable”. No se dignó añadir nada más.

Esta conmoción duró hasta bien entrado el sitio XX y tuvo facetas muy positivas, sobre todo con Gustav Klimt y el grupo de L´Art Nouveau.
Podría extenderme sobre este periodo, pero ya hablaremos todos en el coloquio.

Una mutación entramando otras mutaciones posibilitó el advenimiento del primer país de “socialismo real”, lo que produjo a su vez la primera y gran crisis del Capitalismo. Paro total en los Estados Unidos de América y especulaciones interesadas de los banqueros de Wall Street sobré la oleada de supuestas “novedades” creadas por la disidencia soviética, es decir los Malevitch, Kandinski y tantos otros trileros y farsantes..

Al banquero solo le mueve un solo motivo: aumentar sus dividendos a cualquier precio, sea con el tráfico de armas o bien absorbiendo a sus mismos colegas más débiles. Y como es necesario precisar que son gente inteligente y sobre todo astuta previeron el filón que se anunciaba en el mercado del Arte, que en aquellos momentos estaba regido por Europa y particularmente por Francia.

Sobre París cayeron, como gavilanes los Kambeiler y los Gugemhein. Y se llevaron a New York el cogollo del mercado. Toda esa marea de ismos y tendencias, desde el Suprematismo de Malevitch hasta el “tachismo de Hartung” el arte óptico de Vassareli “el espacialismo”, el “mínimal” el “Pop de la sopa enlatada de Warhol”, y la “merda di artista” de Manzoni y su esposa, en tarros cerrados al vacio, el arte “pavera” que no era otra cosa que cacerolas abolladas y colchones mugrientos de indigentes y obreros desahuciados por los mismos piratas que levantaban Museos magníficos, contenedores de oro para contener y exponer la más miserable basura y que no eran más que el justificante para lavar dinero sucio procedente del robo y el crimen de la droga y el comercio de mujeres para la prostitución.

Resumiendo, todo ese arte de una supuesta vanguardia, es la otra vejiga que va a estallar como estalló la gran vejiga de las Altas Financias y que ha sido el resultado de esta crisis que ahora estamos viviendo.
Mi consejo a todo coleccionista, es de deshacerse lo más pronto posible de esas “inversiones” que han hecho en cubos de basura, instalaciones y fotos de mujeres atadas como embutidos, laceradas o mutiladas, “esculturas” gigantes de un calcetín sudado, lienzos hechos o más bien salpicados con brochas empapadas en pintura azul y roja como hizo el Sr. Miró.

Montones de escombros procedentes de un derribo y que esos “artistas” llaman con todo cinismo “deconstrucción” sin haber leído nunca un solo texto de Derrida y que son solo el producto de un mimetismo generacional, como lo son también sus musiquillas empalagosas y aburridas.

Esta será la sola razón por la que he venido aquí, pero tened seguro que responderé con toda modestia a cualquier pregunta que me hagáis incluyendo el tiempo atmosférico. Porque os digo lo mismo que dijo no se quien “nada de lo humano me es extranjero”.

He traído conmigo algunas de mis obras, pero ellas no valen como ejemplo a seguir. Mi sola lección es pregonar la sinceridad de lo creado y repetir hasta la saciedad que todo lo que no es tradición, es plagio. Que la sola motivación del artista es el placer de hacer. Que solo eso puede justificar nuestra existencia. Que mil veces sobre el caballete o el torno debemos repetir nuestro trabajo, que la pintura no es camino trazado de antemano que no existe un camino y que solo se traza al andar y en definitiva eso es lo único que importa.

La pintura, el encaje de bolillos, la alfarería, los bordados, la investigación con la sonda o el microscopio, son camino y no meta, que lo que cuenta, es solo caminar y que solo los necios buscan una meta.

Incluso Itaca fue una ilusión para Odiseo, y Penélope su muerte.
A pesar de lo aparente, esto no es visión pesimista, porque la muerte no existe, que todo es transformación y que por razones de una claridad absoluta nunca la encontraremos. Que cuando existimos ella no existe y que cuando ella es, nosotros ya no somos.

Me lo dijo mi amigo Epicuro, un emigrante griego que vende pinchos morunos en un chiringuito.

Modesto Roldán

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