Ni escoria de segunda (Por Luis Chamarro)

Francisco Aguilera, “Carlín”, acaba su último artículo refiriendo que “la escoria política pivaldiana se vendió por un plato de lentejas”.  Para ajenos o recién llegados pivaldiano viene de Pivalde, un subproducto político  genovés  que durante algún tiempo graznó supuestas diferencias con la línea política y de gestión de la actual alcaldesa, otra reciclada en los talleres populares para el control de las iniciativas de los jefes del partido de la gaviota.  Antes que nada dejar patente que la legitimidad les viene de las urnas, del voto de los vecinos y de la aplicación de la ley electoral. Así está el municipio.   Pero, efectivamente, las lentejas, los modelitos y, sobre todo, las deudas acabaron por unir estas realidades. Una retribuye, la alcaldesa,  y otros entregan su alma y cuerpo, peperos y pivaldianos.

Solo ocho vecinos, una trabajadora municipal y dos miembros de las fuerzas del orden locales asistíamos a este pleno extraordinario, desde las nueve de la mañana. Recién comenzado el punto de los presupuestos  el escaso aforo se redujo  tras verme  expulsado de la sala por la señora alcaldesa. El motivo venía justificado, increpé  a la portavoz  de Pivalde, la vicealcaldesa, la señora Villanueva,  requiriéndola para que dijera en voz alta lo que cuchicheaba, pero de forma audible. Esta “señora”  llamaba por dos veces  “cerdos” a los vecinos de Cerro Ampliación. Ello mientras se producía  la intervención de la señora Cámara respecto de la falta de servicios aún con la subida de la tasa de basura.  Se lo decía a la señora alcaldesa que, sin levantar la cabeza del papel sobre el que tomaba notas,  callaba sabiendo que se avecinaba bronca.  Bien sabe ella que ya no se aguanta una mas de ese tipo, situaciones que, cuando no las provoca ella directamente, las consiente, ciscándose una y otra vez en la propia institución que representa y preside. Frente a la actitud consentidora de la alcaldesa procedía recurrir a levantar la voz.

 

Hace unos días, en una conversación con amigos, alrededor de la cuestión municipal, recordaba  y utilizaba yo una frase que muchas veces oí a mi abuela y que enlaza con la referencia de “Carlín”. “Ni escoria de segunda” refería cuando consideraba que alguien era despreciable por una u otra razón. Por lo que supe así llamaban a los restos de los carbones que quemaban en el norte,  en algunos procesos mineros. Los más pobres  durante  y  después de la maldita guerra civil española acudían a los vertidos de lo que salía de las calderas esperando poder calentarse con aquellos restos, gris blanquecino. Día tras día se frustraba la esperanza de quienes se despellejaban pies y manos por recogerlo y llevarlo a casa. Vano esfuerzo pues aquello por más que se le arrimaba  fuego ni prendía, ni calentaba nada, ni a nadie. Ni escoria de segunda  quedó como  una maldición popular de amplio espectro en su uso en aquellos lares y tiempos.

Hoy podríamos caer en la tentación escatológica a la hora de calificar o  valorar los comportamientos de las dos responsables máximas y colegas,  de este continuo desprecio por los vecinos y presentes en los actos institucionales.  Sabiendo como saben que no se les va pasar  ni una,  quede aquí que política y personalmente  así se les considera. Ni escoria de segunda.

LCH

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