IMPUESTO SOBRE GRANDES FORTUNAS

En esta campaña electoral, junio de 2016, se viene hablando mucho de aumentar los ingresos del estado, aumentando los impuestos sobre las grandes fortunas. En realidad no parece claro que impuesto sería adecuado, unos hablan de que paguen más los que más ganan, esto es una salida de quién no sabe nada sobre el tema, porque para esa proposición ya existe el Impuesto sobre la Renta, otra cosa es conseguir a través de la Inspección de la Agencia Tributaria que se cumpla la Ley. No es fácil porque los mejores talentos del país se ocupan en asesorar a los “grandes patriotas” para que paguen lo menos posible, lo que en sí mismo no es un delito siempre que se logre por medios legales y no con propósito de burlar las leyes tributarias. Si lo que se propone es aumentar los tipos impositivos, habría que modificar al alza los dos tipos más altos o reducir las bases de los mismos para agrupar un mayor número de contribuyentes. Este no parece ser el propósito de los partidos de izquierdas, aunque se cometa el error de decir en los mítines, que pague el que más gane.

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El impuesto adecuado para las grandes fortunas es el que ya existía llamado Impuesto sobre el Patrimonio. La derecha española lo definió como un impuesto confiscatorio, en lugar de lo que en realidad se pretendió, un impuesto sobre la propiedad improductiva, la otra, la productiva ya está prevista en el de la Renta. Ha asomado en diferentes ocasiones, en televisión,  un importantísimo noble español cuya riqueza familiar podría considerarse de primera magnitud; este señor siempre trata de convencer a los ciudadanos españoles que su familia no tiene dinero, sólo propiedades acumuladas a través de siglos, pero de naturaleza improductiva. Si consideramos que las propiedades son improductivas, porque la Ley las considera intocables, este señor tendría razón, pero si por el contrario algunas de estas podrían ser productivas y no lo son por la propia voluntad del propietario, ejemplo: tierras destinadas a caza o simplemente a cultivos deficitarios, lo que nos hace pensar en una gestión deficiente y por lo tanto transferible a quien pudiera invertir la situación. Cuando digo transferible no me refiero a la propiedad, que bien está en manos de quien la ha conservado siglos, si no a la gestión, vía de las varias posibilidades que ofrece la Ley. En el caso de que el propietario no aceptase cualquiera de las vías mencionadas, habría que incluirlas en propiedades sujetas al Impuesto sobre el Patrimonio, no siendo  válido el decir que no tienen dinero disponible, porque en este caso, como cualquier hijo de vecino, habrían de recurrir a la venta de algunas propiedades para cumplir con la consiguiente Ley tributaria. Seguro que se conseguiría, por este camino, que las grandes fortunas contribuyeran eficazmente al mantenimiento del Estado, que actualmente están haciendo las clases trabajadoras y medias españolas.

 

 

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