Una nueva corporación. Los mismos collares y algunos con más mochila que otros.

 

Tocaba por ley y así se ha cumplido. La sesión de conformación de la nueva corporación y la elección de la más alta responsabilidad local. Arreglados para este oficio civil llegaron los electos y juraron o prometieron.

Se propusieron unos, se echaran a un lado otros. Los apoyos dejaron el resultado de una candidatura con siete votos, suficientes para ser proclamado alcalde el cabeza de lista del Partido Popular.  Se tomó posesión del cargo, con la entrega del bastón que, igual que en ocasiones anteriores rodo por el suelo en cuestión de segundos.  Pudiera ser esto un signo definitorio del uso del poder en Valdemorillo, tal como hemos conocido desde hace más de veinte años.

Tomaron la palabra los portavoces de cada partido, de mayor a menor,  que cruzaron  pareceres y felicitaciones protocolarias sin mayor pendencia, pues el día no lo aconsejaba, al menos para ellos.  El cierre lo hizo el ya proclamado alcalde  quien, salvo error,  por primera vez pisaba una sala de plenos de este Ayuntamiento de Valdemorillo. Y lo hacía para salir por la puerta grande, aunque como todos conocemos los accesos a la ratonera  del sótano, salón de plenos oficial, son lo que son.

En su intervención, leída desde el atril, quedaron apuntadas las formas ya expuestas por los precedentes intervinientes, más alguna consideración con  la que explicar  la no incorporación del grupo más allá de la derecha al acuerdo de gobierno.  El apoyo argumental de tinte marxista, de los de si no te gustan estos principios, tengo otros,  con los que seguir dejando las cosas como están, para los grandes intereses, vino casi enganchado con lo de llegar sin cargas en la mochila. Se piensa el nuevo alcalde que los años de gestión o destrucción de los representantes de su partido en los últimos veinte años no son un lastre. Puede que considere que el hecho de pertenecer a una organización que ha hecho mérito para ser perseguida judicialmente por la vulneración de previsto en la Constitución, que él ha jurado respetar, no es un lastre para los cargos públicos hoy sancionados, aquí  y en el resto del estado, bajo el signo de la gaviota. Puede que el señor alcalde ahora que va a estar más tiempo por el municipio conozca que hay  quienes no han ejercido nunca de palmeros de nadie, que hay mucha gente que tiene capacidad de pensar y actuar, y que, por vivir en Valdemorillo, se cuidarán mucho de controlar a los que ahora se sientan en la nueva corporación.

15-6-2019

     

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